El Bada Huesca ha caído de forma clara en Pamplona y el Anaitasuna se queda los dos últimos puntos de una semana horrible para los intereses altoaragoneses.

29-Anaitasuna: Bar (p), Álvaro Gastón (2), Eduardo Fernández, Ibai Meoki (), Bonanno, Héctor González, Chocarro (5). Siete inicial. Cancio (ps), Antonio Bazán (3), Etxeberría, García (1), Izquierdo (6), Arthur (12), Juan del Arco, Aitor Domingo, Adrián Ortiz.

24-Bada Huesca: Dani Arguillas (p), Adrià Pérez (1), Asier Nieto (3), Rodrigo Benites (3), Sergio Pérez (7), Joao Pinto y Hackbarth (5). Siete inicial. Almeida (ps), Montoya (3), Mosquera (1), Moya, Gomes (1), Gucek y Miguel Malo.

Parciales cada cinco minutos: 2-2, 2-6, 6-8, 10-11, 14-14, 16-16 (descanso) 18-18, 20-21, 25-21, 26-22, 28-24, 29-24.

Árbitros: García-Rodríguez. Excluidos Héctor González (2), Edu Fernández, Bonanno y Antonio Bazán por el Anaitasuna; Asier Nieto y Hackbarth por el Bada Huesca.

El siete de Nolasco necesita resetear. Pedir un tiempo muerto y repensar. Está empeñado en hacer a cualquier portero rival protagonista. Y así es imposible. Puedes hacer tu mejor balonmano, pero si cometes errores, todo se cae. El equipo que deslumbró la pasada campaña es, ahora mismo, un castillo de naipes. Es que el portero de Anaita Juan Manuel Bar ha terminado por encima del 40 por ciento de acierto. Con esa brutalidad de acierto da igual cómo sea tu defensa, da igual cómo juegues, que caes. Tardarás más o menos, pero pierdes.

Es cierto que el foco recayó sobre Bar, pero también tiene responsabilidad el muro que va por delante. Un 6:0 pétreo que conforme pasaron los minutos subió en intensidad y apagó la luz del siete altoaragonés. Ni siquiera las dos exclusiones de Héctor González en el primer acto desmontaron su estructura.

Y eso que Bada Huesca empezó bien. Se preveía un partido equilibrado, de esos que tienes que ver donde esta la grieta para entrar y provocar un socavón. Y llegó con la primera exclusión de Anaita. Atacó sin portero, y la defensa del Bada le penalizó para poner un 2-5 en el electrónico. Tiempo muerto de Quique Domínguez, parada de Aguillas y 2-6 en el marcador. Para frotarse las manos e incluso pellizcarse. El equipo funcionaba.

Fue un espejismo. Con todo para coger un camino no plácido, pero sí seguro, el Bada empezó a diluirse víctima de sus errores. Empezó a fallar lanzamientos, a perder balones y a desajustarse en defensa ante buenos pivotes que ganaron bien la espalda. Aún así mantuvo el equilibrio en el primer acto.

En el segundo se desmoronó. Anaita construyó la victoria con un Arthur tremendo. Firmó 12 goles de trece lanzamientos. Le dio igual que estuviera Arguillas que Almeida bajo palos. El lateral zurdo entró como quiso por la defensa del Bada Huesca. Y cuando no era él, lo hacía Ander Izquierdo, una de esas joyas del balonmano nacional, que agrandó la herida del 6:0 altoaragonés.

Anaita empezó a sentirse cómodo sobre su 40×20 en la misma proporción que el altoaragonés se diluía y agrandaba sus errores. Si además tu defensa, que es piedra de bóveda de tu juego, no es solidaria y deja huecos tan solo quedaba saber de cuánto ibas a perder. Más cuando en los últimos 10 minutos del partido tan solo eres capaz de marcar dos goles. Así la derivada era clara: uno cae en la misma proporción que el rival crece.