La delantera aragonesa se despide de los terrenos de juego tras 106 partidos con la SD Huesca, dejando un legado de profesionalidad y un ascenso imborrable a la élite del fútbol nacional.
El fútbol femenino aragonés pierde a una de sus brújulas en el campo. Laura Royo, la futbolista que convirtió la constancia en su mejor jugada, ha anunciado de forma oficial su retirada del fútbol profesional. Lo hace vistiendo la elástica de la SD Huesca, el club donde ha terminado de pulir una carrera ejemplar que comenzó en el barro de las categorías regionales y llegó a tocar el cielo de la Primera División.
A sus espaldas queda el eco de 106 batallas con la camiseta azulgrana y una huella que trasciende las estadísticas, aunque estas hablen por sí solas: 45 goles que sirvieron para cimentar el crecimiento de un proyecto que la despide con honores de referente.
Un camino desde Teruel hasta la élite
Natural de Alloza, Royo nunca olvidó sus raíces mientras escalaba en el competitivo organigrama del fútbol español. Su progresión fue metódica: desde su formación en tierras aragonesas hasta su salto al Zaragoza CFF, donde empezó a avisar de que su techo estaba lejos.
Sin embargo, fue en el Villarreal CF donde la delantera alcanzó su madurez competitiva. En el conjunto castellonense no solo fue testigo, sino protagonista activa de una de las etapas más gloriosas del club, encadenando ascensos meteóricos hasta alcanzar la Liga F. Aquella experiencia en la máxima categoría fue el equipaje que trajo consigo cuando, en el verano de 2022, decidió regresar a su tierra para liderar el ataque del Huesca.
El adiós de una líder silenciosa
Desde su llegada a la capital oscense, Laura Royo no solo aportó polivalencia y olfato goleador. En el vestuario, se convirtió en esa figura necesaria para las jugadoras más jóvenes; una líder que enseñaba con el ejemplo y la capacidad de trabajo antes que con la palabra.
La SD Huesca pierde a su “artillera” de confianza, pero el fútbol femenino regional gana un espejo donde mirarse. Laura se marcha con la satisfacción del deber cumplido, habiendo sido pieza clave en la evolución de un equipo que hoy, gracias en parte a sus 45 dianas, mira al futuro con otra ambición.
El fútbol, caprichoso en sus tiempos, despide a una jugadora de las que hacen equipo, de las que entienden que el escudo se defiende tanto en el minuto 1 como en el 90.
Desde El Observador del Mundo te deseamos mucha suerte en la nueva etapa.