El conjunto azulgrana firma un ridículo empate sin goles ante el Leganés que lo deja al borde del abismo, evidenciando una alarmante falta de calidad en los jugadores y la enésima lectura cobarde de un entrenador superado por la situación.
0-CD Leganés: Juan Soriano; Lalo Aguilar (Rubén Pulido 89′), Ignasi Miquel, Marvel, Naim García; Dani Rodríguez (Cissé 89′), Diawara, Roberto López (Plano 72′); Rubén Peña (Duk 61′), Juan Cruz y Diego García (Asue 72′).
0-SD Huesca: Dani Martín; Toni Abad (Javi Mier 46′), Iñigo Piña, Pulido, Carrillo, Jordi Martín; Sielva (Michael 81′), Jesús Álvarez (Enol 86′), Portillo, Luna (Cantero 81′) y Sergi Enrich (Escobar 70′).
Árbitro: Eder Mallo. Amonesta con amarilla a Dani Martín y Sielva por el Huesca; y a Lalo y Diawara por el Leganés.
Incidencias: partido correspondiente a la jornada 40 de Segunda Divisióndisputado en Butarque (Leganés) ante 10.371 espectadores.
La SD Huesca agoniza en el fútbol profesional y lo hace de la peor manera posible: sin alma, sin fútbol y con el miedo metido en el cuerpo. El empate cosechado en Butarque frente al Leganés es, a efectos prácticos, la sentencia de muerte de un equipo que demostró por qué habita en las catacumbas de la clasificación. Un punto estéril que mantiene a los oscenses a tres puntos de la salvación que marca el Cádiz, pero con una sensación de impotencia absoluta cuando solo quedan dos jornadas para el final. El milagro de la permanencia ya no es cuestión de fe; es una utopía matemática para un club que parece haber tirado la toalla.
El planteamiento del miedo: Oltra vuelve a decepcionar
José Luis Oltra volvió a demostrar que la valentía no entra en sus planes de supervivencia. En un partido donde al Huesca solo le valía ganar, el técnico valenciano optó por un blindaje de entreguerras, plantando una defensa de cinco hombres que mandó un mensaje devastador a sus propios jugadores: no encajar antes que proponer. El experimento se tradujo en una primera parte soporífera, un «empate a nada» donde el fútbol brilló por su ausencia.
Lejos de reaccionar tras el descanso, la libreta de Oltra ofreció más de lo mismo. Con el agua al cuello y la necesidad imperiosa de sumar de a tres, el banquillo azulgrana reaccionó tarde y mal, con cambios cromosómicos que no alteraron el encefalograma plano del equipo. La falta de un plan ofensivo coherente es el reflejo de un cuerpo técnico que ha sido incapaz de dotar de identidad a una plantilla hundida psicológicamente.
Una plantilla sin nivel ni pegada
Si las decisiones desde el banquillo rozaron la negligencia, lo que se vio sobre el césped por parte de los futbolistas rozó el despropósito. La falta de calidad individual en los metros finales es una losa insoportable. Jugadores llamados a liderar, como Enrich o Pulido, se limitaron a testarazos inofensivos a balón parado durante el primer acto, mientras la medular regalaba la posesión sin oponer resistencia.
El desastre técnico alcanzó su punto álgido en la segunda mitad. Primero, con una preocupante incapacidad para probar al meta rival, Soriano, en un choque que exigía épica. Y segundo, con errores no ya de falta de talento, sino de falta de concentración indignos de la categoría. El ejemplo más flagrante lo protagonizó Dani Martín en el minuto 76: un pase atrás de Pulido terminó en un despeje espantoso del guardameta que rebotó en Asué y se coló en la portería. Solo la intervención divina del VAR, que detectó una mano involuntaria del atacante en el rebote, salvó al Huesca del ridículo definitivo en ese instante.
Un quiero y no puedo en el descuento
La única pizca de orgullo apareció en la recta final, más por inercia y desesperación que por juego. Michael obligó a Soriano a sacar una mano milagrosa a la escuadra en el 86, demostrando que si se quería, se podía haber buscado el área rival mucho antes. Sin embargo, la acción que define la paupérrima calidad de esta plantilla llegó en el tiempo de descuento: tras una gran jugada de Escobar, el propio atacante definió de la peor manera imaginable frente a la portería, disipando la última bala del cargador azulgrana.
El Huesca se vuelve de Leganés con un punto que sabe a descenso. Con seis puntos por disputarse y a tres de la salvación, la realidad es tozuda: a este equipo, por falta de banquillo, por planteamientos timoratos y por la alarmante mediocridad de sus futbolistas, no le da para seguir en el fútbol profesional. La zona baja es su hábitat natural, y de ahí, salvo milagro en las próximas dos semanas, ya no va a salir.