El conjunto azulgrana firmó un partido bochornoso y sin alma, sucumbiendo sin paliativos ante un filial amarillo que jugueteó a placer con un equipo inoperante, carente de rigor táctico y muy lejos de las exigencias de la categoría.

0- SD Huesca: Gazzaniga; Djetei. Guille Molina, Salva Ruiz; Víctor García, Mario García (Gorostidi 75´), Pascu, Óscar Sielva (Jimmy 46´), Iván Rodríguez (Juárez 46´); Tresaco (Collado 66´) y Douglas (Sergi Enrich 46´).

3- Villarreal CF “B”: Kinarekin; Bonafé, Álvaro García, Enric Pujol (Diallo 85´), Eneko Ortiz; Nizar (Barry 75´), Cheikh, Pablo Pascual (Álvaro Alcalde 60´), Gaitán; Baratucci (Fofaza 75´) y Ayman (Albert 60´).

Goles: 0-1. Min. 34: Gaitán. 0-2. Min. 39: Ayman. 0-3. Min. 74: Albert.

Árbitro: Pol Arenas Mora. Mostró tarjeta amarilla a Djetei y Víctor García por parte de la SD Huesca; y a Enric Pujol por parte del Villarreal “B”.

Incidencias: Tercera jornada de Primera RFEF en el Estadio de El Alcoraz ante. 4.737 espectadores. Pitada en el descanso y al final del al equipo oscense.

Desde el pitido inicial quedó patente que el plan de partido de Raúl Jardiel era un absoluto solar. Con una defensa de cinco y un centro del campo totalmente inundado por la fluidez y el descaro del filial groguet, los locales se dedicaron a correr detrás de la pelota como espectadores de lujo. Tras unos tímidos e inofensivos acercamientos estériles de Pascu y Douglas Aurelio, el Villarreal “B” empezó a exhibir las costuras de una zaga azulgrana convertida en una auténtica verbena. Nízar rozó el gol con un eslalon primoroso que escupió el poste, y poco después fue Bonafé quien reventaba el larguero. La defensa del Huesca hacía aguas por pura ineptitud competitiva, flotando en la medular y regalando pasillos interiores que invitaban a la tragedia.

La crónica de una muerte anunciada se materializó en el tramo final del primer acto. En el minuto 34, una combinación supersónica de los visitantes desarmó por completo a una defensa entregada para que José Gaitán fusilara a placer ante un atónito Gazzaniga. Lejos de despertar, el Huesca entró en estado de pánico absoluto, demostrando una incompetencia alarmante en la salida de balón. Apenas cinco minutos después, el exazulgrana Ayman cabeceaba a la red el segundo sin oposición ante la pasividad criminal de los centrales. La primera mitad concluyó con una sonora y lógica pitada de El Alcoraz, harto de presenciar un esperpento táctico donde el supuesto favorito de la categoría era bailado por chavales.

La desesperación del banquillo local se tradujo en el clásico triple cambio a la desesperada al descanso, dando entrada a Juárez, Enrich y Jimmy. Aunque la necesidad propició un atisbo de arreón con algo más de colmillo y un par de saques de esquina, la realidad futbolística del Huesca siguió siendo desoladora: pura pólvora mojada, cero ideas en la construcción y una alarmante incapacidad para generar peligro real sobre la meta de Yakiv. El equipo corría con más ansiedad que sentido, facilitando las transiciones letales de un rival que jugaba a placer. La puntilla definitiva llegó en el minuto 74, cuando Baratucci regaló el tercero a Albert en el área pequeña ante la pasmosa pasividad de la retaguardia oscense.

El pitido final selló un 0-3 sonrojante que retrata las carencias estructurales de un Huesca plano, inofensivo y manifiestamente incompetente. La paciencia de la grada se agotó entre pañuelos y cánticos de protesta hacia un equipo que, a este ritmo, ni está ni se le espera para pelear por cotas altas.