Ni la superioridad numérica ni el empuje de un Alcoraz volcado salvaron a un equipo desquiciado, sin fútbol y castigado por los errores de bulto de una plantilla y un técnico que no dan la talla para la categoría.

1-SD Huesca: Dani Martín; Toni Abad (Enol 54′), Piña, Pulido, Julio Alonso (Dani Ojeda 73′); Sielva (Escobar 73′), Javi Mier, Portillo, Liberto (Jordi Martín 78′), Luna y Sergi Enrich (Seoane 78′).

2-Real Sociedad “B”: Fraga; Dadie, Beitia, Kita, Balda (Agote 38′); Aguirre (Lebarbier 73′), Carbonell, Astiazarán (Ayo 80′), Mikel Rodríguez; Ochieng (Gorosabel 80′) y Carrera (Mariezkurrena 73′).

Árbitro: Manuel Ángel Pérez, Amonesta con tarjeta amarilla a Piña, Pulido, Liberto y Sielva por parte de la SD Huesca por los locales y a Aguirre, Kita, Balda y Beitia por parate de la Real “”; Expulsa con roja directa a Rodríguez de la Real ”B”.

Goles: 0-1, min. 27: Astiazarán. 0-2, mi. 77: Ochieng. 1-2, min. 90’+5: Escobar.

Incidencias: partido correspondiente a la jornada 39 de LaLiga Hypermotion disputado en El Alcoraz (Huesca) ante 7.563 espectadores.

Hay derrotas que duelen y derrotas que retratan. Lo vivido en El Alcoraz pertenece a la segunda categoría. El Huesca no solo perdió tres puntos ante la Real Sociedad “B”, sino que extravió el poco crédito que le quedaba ante una afición que volvió a demostrar estar a años luz de sus jugadores. En una noche que debía ser de comunión y supervivencia, el equipo perpetró un ejercicio de impotencia difícil de explicar, cayendo con justicia (1-2) ante un filial que, con diez jugadores, pareció mucho más veterano y ordenado que el conjunto altoaragonés.

El inicio del encuentro ya presagiaba nubarrones. Pese a la importancia de la cita, el Huesca saltó al césped dubitativo, blando y falto de la contundencia necesaria. Solo la voluntad de Luna por la derecha y un testarazo de Enrich al larguero daban señales de vida. Sin embargo, el primer golpe de realidad llegó antes de la media hora: un fallo grosero de Toni Abad permitió a Astiazarán rematar a placer para poner el 0-1. El Huesca, lejos de reaccionar con fútbol, lo hizo con impulsos desordenados. Se salvó del 0-2 antes del descanso gracias a un poste milagroso tras un disparo de Carrera, pero la sensación de equipo «deshecho» ya flotaba en el ambiente de un Alcoraz que registró una entrada de gala con más de 7.500 almas que no merecían tal despropósito.

Si la primera parte fue deficiente, la segunda fue un auténtico esperpento. Ni siquiera el «regalo» de la expulsión de Mikel Rodríguez en el minuto 66, que dejó a los donostiarras con uno menos, sirvió de acicate. Al contrario: el Huesca entró en estado de pánico. La gestión desde el banquillo fue, cuanto menos, cuestionable. José Luís Oltra decidió tirar por la calle de en medio: amontonó delanteros (Escobar, Enrich y Enol) y desmanteló por completo el centro del campo. El resultado fue un equipo partido, sin nadie que manejara el timón y basando todo su potencial ofensivo en centros laterales sin sentido y sin ventaja.

Mientras el Huesca se ahogaba en su propia ansiedad, la Real “B” tiró de picardía. En el 77′, con los locales volcados de forma suicida, Ochieng aprovechó una transición para marcar el 0-2 a puerta vacía. Solo entonces, con el agua al cuello y el partido sentenciado, Oltra recompuso la medular, un movimiento que llegó tarde y mal. Escobar maquilló el resultado en las postrimerías del choque (1-2), e incluso Gorosabel pudo hacer el tercero para los visitantes si no llega a ser por la madera en la última jugada.

El Huesca no estuvo a la altura. Ni los jugadores señalados por su bajo rendimiento, ni un cuerpo técnico superado por las circunstancias, ofrecieron argumentos para creer en la salvación. El equipo está abocado al fracaso si no hay un cambio radical; hoy, por actitud y por aptitud, el conjunto azulgrana demostró que no merece seguir en el fútbol profesional.