El técnico y el central Ignacio Suárez insisten en desterrar los miedos, manejar la presión y apoyarse en una afición que volverá a ser clave en un duelo decisivo por el porvenir del equipo.
El Bada Huesca afronta este viernes un encuentro crucial para su futuro inmediato, y el cuerpo técnico lo tiene claro: la clave no está en el rival, sino en el espejo. El entrenador del conjunto oscense, José Nolasco, está centrando los esfuerzos de estos días previos en «quitar miedos» y blindar la confianza de su plantilla ante el decisivo choque contra el Logroño.
Consciente de la magnitud del enfrentamiento, Nolasco avisa sin rodeos de que «no tienen muchas más oportunidades» en lo que resta de campeonato. Para amarrar los dos puntos, el técnico señala directamente al plan de juego: necesitan «defender como nunca, perder pocos balones y estar finos de cara a portería, así conseguiremos la victoria o estaremos cerca».
La plantilla ya ha demostrado esta temporada de lo que es capaz cuando se libera de las cadenas de la clasificación. El preparador recuerda que cuando sus pupilos han jugado «sueltos y no atenazados» han cosechado «resultados positivos» y han completado «grandes partidos» ante rivales de la entidad del Ademar, el Granollers en Copa, o el Torrelavega y el Valladolid en el feudo oscense.
Para repetir esas sensaciones, el manejo de la presión psicológica será fundamental. Lejos de dramatizar, Nolasco espera un duelo «tenso e intenso y, sobre todo, bonito», asegurando que para los amantes de la competición esta situación es «lo más parecido a jugar por un título«. Por ello, insiste en que el escenario «no tiene que pesar«, sino que la consigna es salir a «jugar un partido de balonmano«. En ese sentido, alerta de que «cada uno se crea los monstruos y puede coger todo el miedo que quiera«, y que la tarea primordial de estos días es, precisamente, evitar que eso ocurra.
Frente a un Logroño al que Nolasco elogia por su gran campaña y calidad, el técnico descarta cualquier tipo de complejo: «Podemos jugarles y tutearles. Se trata de hacerlo bien». El plan estratégico pasa por la practicidad, huyendo de experimentos de última hora. El técnico apela a jugar con cierta sencillez y centrarse en «decidir bien» y hacerlo con confianza. Su estrategia es clara: utilizar las situaciones en las que uno se siente a gusto y sean más cerradas para «decidir entre A, B ó C, en el contraataque y el ataque y no dejar demasiados aspectos sueltos», avisando seriamente contra unas prisas que el equipo no debe tener.
Del rival advierte que «puede romper los partidos al principio o al final», por lo que la receta local será «tener regularidad» a lo largo de los sesenta minutos, manteniendo la cabeza fría pase lo que pase: «No hay ni que lanzar las campanas al vuelo ni bajar los brazos en ningún caso«. Además, rechaza de pleno las matemáticas de calculadora en otros pabellones: «Solo me interesa lo nuestro. Hay que estar centrado y olvidarse de aquello en lo que uno no puede intervenir».
Para lograr la gesta, el Palacio de los Deportes volverá a ser una caldera. El técnico confía plenamente en una marea verde que es totalmente consciente de «la importancia del partido»: «Van a estar arropándonos». Incluso ve con buenos ojos la posible llegada de aficionados riojanos, ya que eso «va a hacer que se note más todavía dónde se juega».
En sintonía con su entrenador, el central Ignacio Suárez refrenda la trascendencia de la cita, admitiendo que es un partido que marca el «porvenir» del equipo. El vestuario lo afronta con «ganas, intensos y con una pequeña tensión en los entrenamientos», algo que el jugador considera la actitud idónea. Suárez destila un optimismo realista y asegura que, quitando al Barça, el Bada puede «ganar a cualquiera» y que los jugadores están «convencidos de que se puede sacar».
Para ello, coincide en que la clave pasa por «minimizar los errores» y mantener la templanza en la pista: «En el partido hay que estar fuertes a nivel mental, concentrados, sólidos y apoyando desde el banquillo. También se debe tener paciencia y no querer correr en exceso». El central reconoce de forma autocrítica que en alguna jornada anterior les ha pesado el «salir revolucionados y con demasiadas ganas y ha pasado factura», por lo que se vuelve obligatorio evitar la precipitación.
Al igual que Nolasco, el central prefiere no hacer cuentas ajenas y tiene claro el único objetivo posible para el cierre de la temporada: «Hay que ir a ganar los dos partidos» que restan. A nivel personal, Suárez se encuentra cómodo, con «confianza y ganas» de aportar el máximo en este tramo final. Además, mira al pasado reciente como un valor añadido, concluyendo que la experiencia vivida la pasada campaña les debe servir de lección para «manejar mejor los sentimientos y la presión» que siempre conllevan estas situaciones límite.