La Plaza de Navarra se llenó de público durante la ceremonia militar del arriado de bandera celebrada con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, un acto cargado de simbolismo, homenaje y recuerdo a quienes dieron su vida por España.

La Plaza de Navarra de Huesca se convirtió este viernes en escenario de uno de los actos más solemnes y emotivos de la programación del Día de las Fuerzas Armadas con la celebración de la ceremonia militar del arriado de bandera, símbolo del final de la jornada castrense y homenaje a la enseña nacional y al himno de España.

El acto estuvo presidido por el coronel de Transmisiones de la División Castillejos, Ricardo Jesús Fuentes Mejías, y la alcaldesa de Huesca, Lorena Orduna, quienes acompañaron a los numerosos ciudadanos que quisieron presenciar esta tradición militar profundamente arraigada en los cuarteles españoles.

A las 20.00 horas, la Unidad de Honores de la División Castillejos inició el ceremonial en un ambiente de absoluto respeto y silencio. Los asistentes permanecieron en pie mientras sonaba el Himno Nacional y dos mujeres militares procedían al arriado de la bandera desde el mástil instalado en pleno corazón de la ciudad.

Tras el descenso de la enseña, el acto alcanzó uno de sus momentos más sobrecogedores con la interpretación del Toque de Oración, dedicado a quienes entregaron su vida por España. Posteriormente, la bandera fue doblada con solemnidad y retirada siguiendo el protocolo militar.

Durante la ceremonia, una locución explicó a los asistentes el origen histórico del Toque de Oración, cuyas raíces se remontan al 27 de abril de 1503, tras la Batalla de Ceriñola. Según la tradición, Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como El Gran Capitán, ordenó realizar tres toques prolongados al caer el sol para invitar a rezar por los soldados fallecidos en combate.

Desde entonces, este ceremonial se repite cada día en numerosos cuarteles de España como muestra de respeto, recuerdo y sentimiento de unión hacia quienes han servido al país. Un simbolismo que volvió a emocionar a cientos de oscenses reunidos en la Plaza de Navarra.