Un equipo sin alma, errático en ataque y desmantelado en defensa sucumbe ante el Castellón en una tarde que culmina una nefasta gestión deportiva y ratifica el adiós al fútbol profesional tras once años de gloria.
0-SD Huesca: Dani Martín; Jordi Martín (Liberto,67´), Pulido, Piña (Ojeda, 78´), Carrillo, Javi Mier, Sielva, Jesús Álvarez (Enol, 56´), Portillo, Luna (Cantero, 67´) y Enrich (Escobar, 56´).
1-CD Castellón: Matthys; Brignani, Sienra (Willmann, 90´), Santiago, Jiménez, Cipenga, Barri (Doué, 71´), Gerenabarrena, Calatrava (Suero, 84´), Jakobsen (Álvaro, 71´), Cámara (Ronaldo, 71´).
Goles: 0-1 Minuto 63: Cámara.
Árbitro: Rafael Sánchez. Mostró tarjeta amarilla a Piña, Jordi Martín, Pulido y Enrich por parte del Huesca.
Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 41 de Segunda División, disputado en El Alcoraz (Huesca) ante 7.276 espectadores.
La SD Huesca completó este domingo su obra más negra de la temporada firmando un descenso catastrófico, merecido y humillante a la Primera RFEF. El Alcoraz presenció el certificado de defunción de un proyecto desalmado que cayó por 0-1 ante el Castellón, víctima de sus propios e imperdonables pecados: una fragilidad defensiva de juzgado de guardia y una inoperancia de cara a puerta que roza el ridículo profesional. Once temporadas en el fútbol de élite tiradas a la basura en una tarde donde la alarmante incapacidad táctica de José Luis Oltra volvió a quedar retratada.
Desde el pitido inicial, el planteamiento del Huesca fue un insulto a la urgencia de la situación. Un equipo errático, impreciso y atemorizado se entregó por completo al ritmo que quiso imponer el Castellón. Solo la fortuna y un gol anulado a Portillo por fuera de juego evitaron que el bochorno comenzara en el minuto nueve. Lejos de reaccionar con orgullo, los de Oltra siguieron deambulando por el césped, incapaces de mantener la posesión más de tres pases seguidos y dejando unas autopistas en defensa que el conjunto albinegro aprovechó a placer.
Un festival de perdones imperdonables
Cuando el Huesca logró asomarse al área rival, la falta de jerarquía de sus futbolistas quedó en evidencia. Sielva y Luna desaprovecharon dos situaciones de «mano a mano» flagrantes ante Matthys que un equipo de categoría profesional jamás se puede permitir fallar en una final por la supervivencia. El desacierto y la ansiedad bloquearon las piernas de unos jugadores que demostraron no estar a la altura del escudo ni de la exigencia del encuentro.
Por su parte, Oltra asistía impertérrito desde el banquillo al intercambio de golpes, una ruleta rusa suicida en la que el Huesca, por pura lógica clasificatoria, tenía todas las de perder. La primera mitad se cerró con la alarmante sensación de que el desastre era solo cuestión de tiempo.
Oltra mete cambios tarde y mal; la defensa se corona
La reanudación no trajo ni la casta ni el orden táctico que se le presupone a un equipo que se está jugando la vida. El Castellón avisó seriamente con un disparo de Jakobsen que Pulido tuvo que sacar bajo palos tras un esperpento de Mier y Carrillo. Ante el colapso evidente, Oltra reaccionó tarde y de forma atropellada dando entrada a Enol y Escobar, un volantazo a la desesperada que descompensó por completo al equipo.
La estocada definitiva llegó en el minuto 63, retratando la desidia de la zaga azulgrana. Un balón largo y previsible a la espalda de la defensa bastó para que Pulido midiera rematadamente mal, dejando a Cámara completamente solo para sortear a Dani Martín y hacer el 0-1. Un gol que resume el año del Huesca: pasividad, falta de contundencia y desatención absoluta.
A partir de ahí, el Huesca fue un juguete roto en manos del Castellón. Los cambios posteriores de Oltra introduciendo a Liberto, Cantero y Ojeda solo sirvieron para certificar el desquicie generalizado y una inoperancia ofensiva alarmante. El equipo no tuvo ni el orgullo de embotellar a un rival que apenas sufrió para mantener la ventaja en los últimos minutos.
La decepción de la afición oscense es total y justificada. La SD Huesca consuma un fracaso histórico no por mala suerte, sino por una alarmante falta de nivel técnico, una alarmante fragilidad mental y una dirección de campo infame que condena al club a las catacumbas del fútbol español. Toca empezar de cero, asumiendo culpas y limpiando un vestuario que hoy ha escrito la página más negra de la historia moderna del club.